Por estar a favor de la vida estoy a favor de la despenalización del aborto
Lic. Alejandra Beatriz Pistorio

No se está debatiendo si “sí o no” al aborto, se ha decidido en una primera instancia y se continuará decidiendo, si las mujeres que optan no continuar con su embarazo y los profesionales que acuden a su ayuda en esta decisión, deben estar penalizados o no por la ley.

Es importante puntualizar que se está debatiendo sobre un hecho que es una práctica social extremadamente antigua, a la que las mujeres accedieron, acceden y continuarán accediendo más allá de permisos o legalizaciones.

Los legisladores tienen ahora la oportunidad de ponerse al servicio de las verdaderas necesidades de las mujeres, dando una nueva respuesta. Pueden entonces abrir los ojos para ver, los oídos para escuchar y el corazón para legislar acorde a la realidad y no a un mundo ilusorio y moralista, que aún haciendo los mayores esfuerzos, no logra imponer de facto su posición.

¿Podríamos imaginar lo que ocurriría si todas las mujeres que han abortado abierta o secretamente, y los que intervinieron en esas prácticas estuvieran presos? ¿Cuántos estarían de un lado y cuántos del otro de las rejas?

¿No es esta realidad lo suficientemente relevante como para impulsarnos a cambiar la perspectiva? Y reflexionar por ejemplo en ¿Cómo cuidar de mejor manera a las mujeres que optan por no continuar con su embarazo? ¿De qué manera colaborar desde el estado en empoderarlas para que las secuelas del aborto sean menores? ¿Podremos aprovechar la oportunidad de este emergente social que, como todo conflicto, tiene el potencial de impulsarnos hacia algo nuevo, superador de lo anterior y por eso mismo más abarcativo?

Las mujeres tienen la misma posibilidad independientemente de su condición social y económica de quedar embarazadas, se está pidiendo que la ley ayude a que tengan la misma posibilidad para interrumpir el embarazo.

Ninguna mujer llega por propia voluntad a la decisión de abortar como primera opción, para todas ellas es la última y tiene fuertes consecuencias.

En mi práctica como psicóloga y consteladora familiar desde hace casi 20 años, he visto sistemáticamente las secuelas emocionales, relacionales, físicas y espirituales después de un aborto. Un aborto es una pérdida muy grande, la pérdida de algo que se inicia en el seno más íntimo y profundo de una mujer, producto de una relación sexual, consensuada o no. Esta pérdida es en sí misma un eslabón importante de una cadena de consecuencias, emocionales, físicas, materiales, de condiciones de vida, espirituales, etcétera.

Toda acción trae consecuencias. Ganamos grandeza cuando podemos asumirlas, sean cuales sean. Si es la mujer la que pone y expone su cuerpo ante un embarazo ¿Quién más que ella podría decidir continuarlo o no? Es entonces que me pregunto ¿Por qué el estado se arroga el derecho de agravar e imponer más consecuencias? ¿Por qué se atribuye un poder que está por encima del poder de la mujer, si no es él quien va a hacerse cargo de sus consecuencias? Juzga, penaliza y dictamina, colocando de esta manera a la mujer en una posición infantil, sancionada por un poder patriarcal y
autoritario.

El mismo estado actúa de manera muy diferente ante el gran poder económico de los dueños de laboratorios, centros de fertilización y los profesionales que allí trabajan, descartando o congelando embriones.

Entonces vuelvo a preguntarme: ¿De qué se trata realmente?

Muchas personas estamos compartiendo nuestras reflexiones al respecto. La mía -que incorpora mi manera de trabajar con las constelaciones familiares- sólo pretende comenzar por tocar dos puntos de los cientos que se abren:
1- La penalización de las mujeres que interrumpen el embarazo como un intento de la sociedad patriarcal de socavar el poder inherente a la mujer y su lugar en el planeta.
2- Las consecuencias nefastas para la humanidad de toda postura totalitaria.

Respecto del primer punto, parto de que las mujeres somos las que tenemos la última palabra respecto al “Sí “ o “No” a la vida, es nuestro derecho y nuestro poder. Es lo que marca en última instancia el gran peso específico que tenemos en el planeta, y esto es lo que no se tolera. Creo que por esta razón en lugar de ayudar al empoderamiento de las mujeres, se intenta socavar su poder. El artículo 3 de la Convención de Belem do Pará sostiene 1 : “Toda mujer tiene derecho a una vida libre de violencia”.

¿No es acaso violenta una legislación que no respete el poder soberano de la mujer sobre el “Sí o No” a engendrar vida en su propio cuerpo?
Hasta la actualidad, el estado no se hace cargo de las consecuencias de su ausencia como proveedor por ejemplo de educación sexual. En lugar de asumir su responsabilidad en este problema, proyecta su culpa sobre la mujer, a quien penaliza hasta con prisión por intentar detener con un aborto, lo que no supo o pudo antes. Estamos en un momento en que esta ceguera se está disipando. El congreso de la nación se está permitiendo rever en un profundo debate la perversión de este mecanismo.

Es un momento para poder reflexionar ampliamente, cada uno desde su lugar, aportando ideas para soluciones que sirvan a Todos y Todas. Hay soluciones más profundas y a largo plazo como el derecho de todos los niños, niñas, jóvenes y adolecentes de acceder a una educación sexual que les permita disfrutar plenamente de la sexualidad y conocer las consecuencias inherentes a este Gran Acto. Son los programas de educación sexual los responsables de poder trasmitir con claridad distintas formas de prevenir las múltiples consecuencias del ejercicio de la sexualidad.

En mi práctica como psicóloga y consteladora, son muchos los casos de mujeres, hijos, hijas, hombres, que acuden a una constelación familiar en la que se devela las consecuencias de un aborto. Los procesos de sanación vienen de la mano de la inclusión. Lo que puede apreciarse es que ante un aborto hay mucho excluido. En las mujeres especialmente, se trata de que puedan ir más allá de un sentimiento de culpa que en general acarrean, dejando atrás la dialéctica: “culpa – castigo” que siempre conlleva más sufrimiento; hacia una mirada más amplia, compasiva y amorosa que pueda incluir la posibilidad de reparación. De esta manera estaríamos promoviendo una cultura de paz en lugar de punición.

Y aquí viene el segundo punto que quería abordar desde la mirada de las constelaciones familiares (según mi parecer): “Las consecuencias nefastas para la sociedad de cualquier postura totalitaria”

La historia muestra como los regímenes totalitarios -que pretenden imponer una posición ideológica, económica, política, cultural, religiosa, racial- sólo logran que las posturas opuestas se consoliden desde la resistencia y a la corta o a la larga se vuelvan a hacer presentes en el escenario, del que en realidad nunca se fueron.
El camino de la imposición, definitivamente: ¡No resuelve! Sólo logra que se haga invisible al poder dominante, momentáneamente, lo que el mismo poder ataca.
La fricción en el mundo proviene de identificarse con un grupo en contra de otro. ¿Por qué imponer una postura respecto a la temática del aborto condenando a las mujeres que lo practican por parte de aquellos que no quieren hacerlo?

Muchos de los que están a favor de la penalización del aborto no saben siquiera si su propia madre ha hecho secretamente un aborto antes o después de su nacimiento. Me pregunto, si se tratara de su propia madre: ¿Continuarían estando de acuerdo en la penalización del mismo?

Para direccionarnos hacia una cultura que abogue por la paz, irremediablemente tenemos que abrir los límites de la conciencia personal-excluyente hacia una conciencia social-inclusiva. Superar los antagonismos producto de la identificación con una parte, para abarcar en nuestra conciencia y corazón a todas.

¿Cómo mirar más allá de la visión de la caja donde cada uno, una, se encuentra? Estar a favor de la vida es estar a favor de la diversidad. La vida es diversidad, se nutre de ella, por eso mismo es tan rica y compleja. En la abundancia de la vida todo y todos/as, tenemos lugar: lo lindo, lo feo, lo bueno, lo malo, lo limpio y lo sucio, aún la muerte. Pretender eliminar una parte es socavar la vida.

En esta crisis tenemos la oportunidad de mirar con nuevos ojos un viejo problema, un problema que evidentemente no tuvo solución con las medidas tomadas hasta este momento; más bien lo contrario, las medidas vigentes sólo agravan las consecuencias ligadas a la temática del aborto.

Sería maravilloso que el derecho logre establecer leyes, que puedan ser aplicadas en relación al contexto real, y que contemplen los sentimientos de los seres humanos a los que se aplican; sólo así estarán al servicio del desarrollo armónico de la sociedad.Este momento histórico nos interpela a cambiar las perspectivas desde la que se ha mirado no solo la temática del aborto, sino las consecuencias de querer imponer una ideología, una creencia, una visión.

Como argentinos, más ampliamente como humanos, sabemos las consecuencias del totalitarismo.

Abogo por: ¡La Vida en su Grandeza!, por la dignidad del ser humano, por el crecimiento de una sociedad más justa, compasiva e inclusiva; porque quienes estamos reflexionando a partir de esta temática y estamos a favor de la vida (incluyo las dos posturas) podamos llevar a nuestro día a día lo que dijo M. Gandhi: ¡VIVAN EL CAMBIO QUE QUIEREN SER!

El latido del cielo en nuestros corazones

La astrología es un lenguaje sagrado que se sustenta en la percepción del universo como unidad.

Decodificar y comprender sus símbolos es la oportunidad de hacer un salto cuántico a otro nivel de la realidad: el energético. En este otro plano no opera la dualidad, entonces las experiencias de vida dejan de ser juzgadas por nuestro psiquismo como buenas o malas, lindas o feas. Se abre un campo más integro donde cambian las preguntas, aunque no encontremos las respuestas, donde empiezan a difuminarse las líneas divisorias entre el arriba y el abajo, entre el adentro y el afuera.

Es una invitación a desarrollar una percepción más integrada, capaz de encender los ojos del alma para ver más profundo, para que se iluminen los hilos invisibles por los que estamos todos interconectados, para descubrir a través de la experiencia que podemos empezar a ver junto lo que creíamos separado.

Entonces mirar para arriba y abrirnos a la melodía del universo, nos convierte en bailarines cósmicos de la música del cielo en la tierra. Porque como es arriba es abajo.

Entonces mirar hacia afuera es comprender que el destino es la verdad de lo que somos, que lo que nos sucede no es ajeno a nosotros mismos. Porque como es adentro es afuera.

Y así el viaje de la vida se transforma en un precioso y complejo holograma que va juntando nuestras partes, va integrando nuestro ser.

La astrología se estudia, pero no es un saber, es una viva experiencia en red. Es despertar del sueño de la separatividad hacia una percepción que encuentra conexiones donde antes no las veía.

Es un aprendizaje que construimos juntos cuando empezamos a reconocernos puentes los unos de los otros para encontrar el camino hacia nosotros mismos. Es un servicio de reconexión con nuestra naturaleza energética, con ese pedacito de cielo que somos y hemos venido a manifestar.

Nuestra formación propone un viaje que nos abre a una conciencia más grande, en la que el YO se disuelve en el NOSOTROS, porque nos vamos descubriendo en vinculo, nos vamos sintiendo puntos del gran tejido de la humanidad. Nos vamos reconociendo JUNTOS.

Nuestra invitación entonces, no es solo a aprender, sino a investigar a través de la carta natal de cada integrante del grupo, este nuevo paradigma vincular y la inteligencia de su trama.

Nuestro propósito es que cada estudiante pueda sentir el latido del cielo en su corazón y encuentre el canal para reconectar con el pulso de su existencia. Sera el aprendizaje vivencial y la transformación personal, la experiencia habilitante para luego, poder acompañar a otros a sintonizar con la música del alma.

Laura Levin