¿Cuándo comienza mi historia?
Somos menos libres de lo que creemos, pero tenemos la posibilidad de conquistar nuestra libertad y de salir del destino repetitivo de nuestra historia si comprendemos los complejos vínculos que se van tejiendo en nuestra familia - Anne Shutzemberger, psicóloga francesa -
A lo largo de tu vida, ¿te has visto experimentando situaciones que sentías que no te pertenecían, que las llevabas desde siempre, o las sentías como injustas? Cuántas veces te encontraste pensando ¿por qué a mi…?
Creo que la respuesta a estas preguntas la podemos encontrar en nuestro origen, en nuestro pasado ancestral.
¿Cuándo comienza mi historia?
Nuestros padres nos transmiten la vida. A ellos, se la transmitieron nuestros abuelos. También ellos fueron hijos, herederos de una vida transmitida por sus padres. Nuestra vida comienza mucho antes de nuestra existencia, de nuestro nacimiento y está profunda e íntimamente ligada a nuestros ancestros. Sus alegrías, tristezas, hambrunas, situaciones de guerra, amores, renunciamientos, enfermedades, encuentros y desencuentros; todas sus experiencias de vida quedan proyectadas sobre la nuestra.
Cuando somos conscientes de ello podemos ver que los sucesos del aquí y ahora tienen una íntima relación con el “allá y entonces”. Y cuando podemos mirar esa relación -aquello que transitamos con dolor o sentimiento de injusticia- entonces cobra sentido. Desde muy pequeña me acompaño un sensación de soledad…recuerdo tantos momentos donde me quedaba muy quieta mirando algo, sentada en el patio de mi casa acariciando mi perro, o dibujando, y al mismo tiempo rodeada de muchos seres queridos, hermanos, primos, abuelos…pero la soledad la sentía igual. Cuando pude ver, que fue mi nono quién se quedó solo a sus dos años cuando su madre muere en el parto y junto a ella su hijo, el único hermano de mi nono, y su padre lleno de dolor se fue a la montaña y bajo después de ocho años, …ahí comprendí mi sentimiento. En mi casa siempre se contó esta historia, pero sin querer, nunca se le dio lugar y reconocimiento a su hermano muerto días después del parto, y al dolor y soledad del Nono... cuando pude ver esto esa sensación que me acompaño muchos años tuvo tanto sentido, ella me mostró quién faltaba: mi tío abuelo…y la soledad de mi nono. Hoy, la soledad ya no me acompaña y sí esa fuerza y amor que él nos dejó. ¡Gracias Nono!
Cuando miro esa situación que conflictúa mi presente -al igual que mi vida, que comenzó mucho antes de mi nacimiento-, puedo advertir que esa tensión puede tener origen en el pasado. Esto nos lleva a pensar que hay una dialéctica entre el pasado y el presente. Un diálogo que se va entrelazando, creando sucesos, creando vida y muerte.
Aunque no seamos conscientes, todos estamos en un continuo intercambio con el ambiente y con nuestro pasado, incluso con el ocurrido antes de haber nacido. Es como la música, donde la nota que hoy toco resuena con otra que continúa a otra y que incluso los silencios, al igual que los secretos familiares, son parte de esta sinfonía, de nuestra historia. Nuestra historia personal se articula con la historia familiar y a su vez con la historia de la comunidad. Es por eso que las guerras, los genocidios, las catástrofes naturales que afectaron a la comunidad a la que pertenecían nuestros ancestros, también están presentes en nuestra vida.
Entonces me pregunto: ¿Es posible Ser libres?
Bert Hellinger, el creador de las constelaciones familiares, nos muestra que el sistema familiar es una totalidad en sí misma, donde sus partes están íntimamente relacionadas aún las más lejanas y desconocidas. Cualquier parte separada de la totalidad del sistema no puede existir y carece de sentido, como tampoco podemos comprender la totalidad sin las partes.
Observó que las enfermedades, situaciones dolorosas, conflictos, impedimentos, incluso sentimientos o sensaciones que nos acompañan y no podemos explicarlas, son indicadores que algo en el pasado no está reconocido, compensado, incluido o acabado.
Cuando podemos dar lugar a todos los que integraron este gran sistema familiar y a los sucesos que nuestros ancestros vivieron, el pasado se completa y comenzamos a sanar. Bert Hellinger nos dice: “Cuando el círculo se completa estamos en paz”… Recuerdo una paciente que tenía un fuerte dolor de cabeza, acompañada de un zumbido muy fuerte en sus oídos, después de haberse hecho muchos estudios los médicos le sugirieron que vaya a un psicólogo, ahí la conocí*. Cuando comenzamos a trabajar con su historia familiar se dio cuenta que de su abuela materna poco se sabía: era una persona muy buena y murió cuando la madre de mi paciente tenía 10 años. Al averiguar un poco más de su vida, su madre le contó que había estado en un campo de concentración en el norte de Italia en la época de Mussolini por ser judía. Estuvo encerrada hasta que termino la guerra. Y como esto causaba mucho dolor en la familia, no se hablaba de este tema…como si al no contarlo eso dejaría de doler o existir…pero su nieta de alguna manera con los zumbidos y su dolor de cabeza conecto con su abuela que habrá escuchado y sentido tantas bombas y visto tanta muerte…al integrar lo excluido los dolores menguaron y sobre todo recuperó a su abuela, a su valentía y sobrevivencia…ella logró quedarse con la vida. Al integrar la historia de su abuela el círculo, del que nos habla Bert Hellinger, se completo y recupero un poco más de paz y amor.
Al mirar nuestro sistema familiar, que puede ser comparado con un mapa, donde podemos ver las huellas del pasado ancestral, no solo podemos entender y comprender, también podemos salir de ciertos patrones y de la comodidad -muchas veces incómoda-, para ir a un lugar de transformación y autoconocimiento, que nos posibilita grados de libertad.
Entonces ¿sería posible ver de otro modo esas escenas que en un inicio calificamos como injustas?
Las Constelaciones Familiares me han mostrado que la reconciliación con nuestro pasado propio y ancestral nos permite ir con toda nuestra fuerza hacia nuestro destino y libertad.
Lic Marina Pistorio.